viernes, 21 de diciembre de 2012

VOLVIENDO A LAS RAICES, EL CAFE CIRE

Con tantos milagros ocurriendo  en el Universo, no había tenido tiempo
de visitar mi querido Café Ciré en la Calle Larga de Valby.Tampoco habia visto 
a mi estimado amigo Niels. Me encaminé esta madrugada por La Calle Larga 
en dirección al Café
La Calle Larga de Valby había cambiado un poco. Los árboles se estaban 
cubriendo de hojas doradas. Los paseantes ya no vestían camisetas, shorts 
y sandalias, sino parcas y chaquetas. Las maravillosas mujeres vikingas cubrían 
sus cabelleras con velos musulmanes. Y las hermosas musulmanas no se cubrían 
su cabelleras negras. Es el otoño en Escandinavia. El milagroso verano 2012 
 terminó.
El Café estaba igualito. Lleno de gente murmurando y riendo y brindando, y una 
nueva orquesta de blues rasgaba el denso humo con una genial interpretación de 
Mick Jagger, Shes a hard woman to love... En el mesón estaba el fantasma del 
viejo almirante chileno inglés Lord Cochrane conversando con el filósofo alemán 
Herbert Marcusse. Ante el escenario bailaban James Dean y Edith Piaf cheeck to 
cheeck y en un rincón oscuro otro filósofo, un danés llamado Kirkegaard, lloraba 
en silencio. 
Mi amigo Niels estaba en una de las mesas y se levantó con su jarrito cervecero.
Bienvenido el hijo pródigo!-. Gran aplauso y silbidos de la concurrencia mientras
yo intentaba esconderme detrás de mi recién adquirido half & half grande.
-¿Algo nuevo por aquí?-
-Lo de siempre, viejito. Milagros ad libitum todas las noches. Y la crisis en Europa,
se terminaron las Olimpíadas, lo de siempre viejito, lo de siempre. ¡Ah!
y el mundo está a dos pasos de una depresión total-.
-¡Qué veranazo, no?- agregué yo por decir algo.
Piérre, el garzó francés vino a saludarme -¿Sa va? ¿Monsieur Ián?-
-Sa va, Piérre, como andá le negocié?-
-Ah, tres bien monsieur, tres bien- contestó Piérre sobándose las manos.
Un silencio sepulcral descendió súbitamente sobre el Café.
En la puerta de entrada estaba el Ché GuevaraCon su uniforme rasgado y  
ensangrentado, su boina polvorienta y su cabello ya blanco como su barba intensa.  
Un teléfono celular en su mano izquierda y un fusil oxidado en la derecha.
.
El Ché hizo un rápido reconocimiento del lugar y se dirigió al mesón, cual guerrillero
a la defensiva. Pidió una Estrella y se fue a sentar a un rincón solitario.
Yo no pude perder esa oportunidad y me fuí a sentar a su mesa. El Ché me miró
y sonrió "Me acuerdo de vos, pibe. Tú estabas entre las multitudes que me 
aclamaron en la Plaza de la Revolución en 1959, no?"
Yo jamás he estado en la Plaza y era la primera vez que veía al Ché en persona,
si es que se puede decir asi, porque en realidad era un fantasma. Vi y escuché a
su compañero Fidel en la Universidad Técnica de Chile en 1972, pero esa es otra
historia.
No me atreví a contradecirlo así que le pregunté sólamente "Cómo va la vida, 
comandante?".El Ché me miró con sus ojos negrísimos que aún brillaban, se quedó pensando un momento y me respondió "¿La vida? Pensá bien, pibe. Pensá BIEN!-.  
Agachó la cabeza y me murmuró mientras movía los ojos rápidamente de un rincón 
del Café al otro "Estoy un poco confundido, pibe.Veo que el enemigo ha ganado 
terreno de manera abismante. Dónde quedaron los un, dos, tres Vietnam? Donde 
están los Patria o Muerte Venceremos? Fidel está muy enfermo y nadie entiende  
a Raúl. Africa? China...? Que esta sucediendo pibe, que esta sucediendo?"
El Che se puso a toser violentamente. Le presté mi inalador antiasmático. Se calmó.
La concurréencia también estaba silenciosa. Algo inexplicable estaba ocurriendo en 
el Café. Un momento triste y sagrado.
La verdad es que yo, un hombre de izquierda y aún creyendo en una sociedad
mas justa y socialista, estaba tan confundido como él. Aquí estaba uno de los  
maestros pidiéndome consejo a mí, un inmigrante chileno pobre e ignorante.
.
El Ché se levantó abrumado de la mesa, y antes de desaparecer por la puerta 
de entrada, se volvió hacia nostros y gritó -Gloria eterna a los heroes de la 
revolución mundial!- Lo que a mi me causó un poco de verguenza ajena.
Y desapareció.
 La conversa y los clics de los brIndis y la música subieron a su volumen
habitual.
Me fui a sentar donde mi amigo Niels. "¿Qué hablaste con el Ché Guevara"? 
me preguntó. "En realidad no mucho- le contesté.
Niels estaba sentado junto al fantasma de Frank Sinatra, quien insistía en interrumpir 
a la soberbia orquesta con un desafinado Strangers in the night. Estaba borrachísimo 
y era un tipo muy desagradable y altanero, constaté.
.
Por la puerta entraron apresuradamente doce guerrilleros a lo Ché, preguntando por 
la dirección del Cuartel Moncada y si habíamos visto al comandante. Yo no quise 
contestarles y Frank Sinatra les dijo "I did it MY WAY". Los guerrilleros comentaron 
entre ellos "Mai HUEY? Pero si eso queda en China, no"? Y se despidieron 
amablemente desapareciéndo alborotados por la puerta de entrada.
-Me voy a casa- le dije a Niels. Frank Sinatra se puso pesado e insistió en que
me quedara, tirándome de la chaqueta y del pelo.
Niels también se paró de la mesa y nos fuimos caminando por la Calle Larga de
Valby. La noche estaba helada, una luna cuarto menguante intentaba iluminar al planeta 
y por el este venía rodando el maravilloso carnaval de estrellas.
Ian Welden
5 de octubre 2008.

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