domingo, 18 de julio de 2010

La integración va en Valby



Mis nuevos vecinos

Dora, la viejita que el Jabalí Sueco asaltó y violó en la primavera pasada, murió hace unos días. Qué lástima, porque era una mujer dulce y serena, y llevó su tragedia estoicamente a la tumba. Vivía en el departamento del lado y siempre nos dábamos un tiempecito para copuchar o prestarnos una tacita de azúcar. La echaré de menos.

Hoy temprano llegaron los nuevos vecinos con jaulas de loros, monos, y una pantera siniestramente negra a manera de gato. Vienen fresquitos de el Congo.

El vecindario entero vino a mi departamento a consolarme.

Cuando la nueva familia ya se habia instalado golpeé en su puerta para conocerlos y darles la bienvenida al barrio. Me abrió un hombre joven de unos treinta años de edad. Me sonrió con unos dientes brillantes y blanquísimos, y me estiró la mano derecha diciéndome alegremente: Bonji Bonji! Caramunda otolama!-

Yo le dije en mi mejor castellano: bienvenido a Valby, me llamo Ian, I A N...-

Bonji Bonji estaba sujetando la negrísima pantera con la mano izquierda. El animal me rugió y me mostró agresivamente sus garras.

Ian! gambla oti mana mem- me dijo Bonji señalando a la pantera a manera de excusa.
Y me volví a mi departamento sintiéndome un buen vecino. Pero confundido...

Esa noche no pude dormir. Los rugidos del felino, los chirridos de los simios y los gritos de las aves me mantuvieron despierto hasta la madrugada. Y a las cinco de la mañana, cuando habia logrado cerrar mis ojos, irrumpió la familia Bonji en mi departamento: Bonji, la señora Bonji y los dos niñitos Bonji.

Me cantaron -Ian Ian! tanhualali tanhualó, tanhualali tanhaulí. tanhualí tanhuaó!- Traían enormes canastos con frutas africanas, una bebida alcohólica que olía a mangos, y un monito en una jaula de bambú a manera de regalo.

Se sentaron en mi cama mostrándome sus alegres sonrisas de marfíl y soltaron al monito. Este cayó en mis hombros de un solo brinco.

Después del desayunazo fui a mirar en mi refrigerador pero tan solo habia una salchicha danesa a medio comer y una vieja lata de tomates.

No teniendo como retribuir su gesto de amistad les dije en mi mejor castellano -Mañana, mañana los invito a comer empanadas al horno y vino chileno Santa Rita-.

Los niñitos gritaron ¡Santa Rita, Santa Rita!Y la señora Bonji me obsequió una estruendosa carcajada. Se retiraron de mi departamento a mediodía y el monito se acurrucó en mis hombros.


Ambos nos quedamos profundamente dormidos.

El monito y yo fuimos a comprar ingredientes para hacer empanadas de pino, y también dos botellas de Santa Rita. Y Orange Super para los niños. El mono me señaló los plátanos con monstruosos chirridos.

Cuando las empanadas estuvieron listas, golpeé en la puerta de mis nuevos vecinos y me abrieron con sendas carcajadas y gritos -¡Empanadas, empanadas!¡ Santa Rita!
Ian Ian!- Y yo les dije -No beban Santa Rita, se acostumbrarán...-

Su departamento estaba lleno de hamacas, lianas y palmeras, monos saltando de una pieza a la otra y loros y papagayos graznando desde las ramas. La pantera me sonrió atentamente desde un rincón, mostrándome sus garras y sus colmillos.

Pasaron los días y los nuevos vecinos hacían su vida normalmente, si es que se puede decir asi.. Bonji se levantaba tempranísimo y salía a trabajar en una bicicleta destartalada. La señora Bonji llevaba a los niñitos al colegio y luego conversaba con los otros vecinos y vecinas del barrio en congolés, los vecinos le hablaban en danés y yo en castellano.

Una tarde entró Bonji a mi casa, sin golpear como de costumbre, y se veía atribulado. Me mostró un video y me dijo -Tambla video... canrami Congo! Canrami!- y le salieron lágrimas de sus ojos rojos. Pusimos la cinta en mi máquina y lo que vi no puede describirse.

La República Democrática del Congo 2008.

Producido por la Cruz Roja danesa en el país, mostraba la alarmante decadencia política, social y moral de esa nación. Desde la provincia de Dungu en el norte hasta Catanga en el sur, los cuatro jinetes del apocalipsis desatan su ira sobre la población congolesa. Ejércitos de niñtos vándalos recorren el país asesinando a diestra y siniestra. Matones armados con metralletas, pistolas, machetes o lanzas, uniformados, deambulan matándose unos con otros. Pero las víctimas son las mujeres.

Es una guerra contra las mujeres. Niñitas de siete años de edad son violadas despiadamente por esas pandillas de monstruos. La supertición y el SIDA van mano a mano. Los matones ignorantes violan a bebés porque creen que de esta manera no se van a contagiar con AIDS! Mientras mas jóvenes, mejor es el remedio...

Lo que Bonji me estaba mostrando con ese video, no podía situarlo con su la alegría de vivir y la felicidad de su familia. Las risas, las bromas... De esta realidad venian huyendo. Bonji me abrazó hablando en congolés como de costumbre. Yo lo traté de consolar en castellano. En realidad, a pesar de que idiomáticamente jamás nos habíamos entendido, la humanidad de nuestra comunicación era perfecta. No habian malentendidos
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Bonji y su familia son ahora parte del inventario de nuestro barrio, Valby. Salimos juntos a la Calle Larga a observar los milagros cotidianos. Vamos al Café Ciré en las noches junto a mi amigo Niels. Asombrosamente han aprendido a hablar danés a la perfección. Pero nostros seguimos diciéndonos -¿Bonji Bonji! altalamará man o biba?-

A lo que yo le contesto -¡Sí, sí, mañana vuelvo a hacer empanadas de pino, puh!- Y él me dice alarmado -Santa Rita Santa Rita! atalamará ACOSTUMBRADO!-

Mi mono juega con los perros y gatos del barrio, y la pantera me ronronea cuando le rasco la guata.

¡Ah! ¡Viva la integración!


Tomado de Espacio Latino

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