domingo, 11 de julio de 2010

La casa de Peter

La esplendorosa madrugada de Valby se asomó de pronto sobre la casa de Peter. Este, un hombre jven como una luna nueva y largo y flaco como un fideo de trigo puro, se sentó en su cama, estiró los brazos hacia el techo y bostezó con la destreza de un perro San Bernardo.

Salpicó algunas gotas de agua en su rostro y vistiéndose rápidamente bajó las escalas a saltos, abrió la puerta recibiendo una bocanada de puro y fresco aire valbyano y se puso a cantar suavecito y muy entonado la canción que él había inventado cuando era adolescente hace diez años atrás:

Para ser felíz y entender
Tienes que reir y encender
Una lucecita cálida
Una lucecita cálida
En tu corazón encontrarás
Toda la razón y la verdad
De una lucecita cálida
De una lucecita sí.

Y comenzó su día.

Peter había construido su casa (en realidad eran dos: la casa donde dormía,comía y descansaba en su viejísimo sofá frente a la televisión, y su taller de milagros) con la ayuda de los milagreros de la Calle Larga de Valby. Se demoraron un año y quedó tan hermosa como una postal entre los árboles y frente al río, que la fiesta de inauguración aún siguió hasta hace pocas semanas atrás.

Cuando la noche cae sobre la célebre Calle Larga de Valby, todos los milagreros acuden al famoso Café Ciré donde se juntan, como es sabido, los fantasmas de personajes históricos y legendarios y la concurrencia viva se mezcla con ellos, tomando cerveza danesa o helados franceses filosofando, riendo y cantando,

Pero a las 00:00 horas se iban todos a la casa de Peter a seguir la fiesta hasta altas horas de la noche. Conversando cantando y bailando. Los milagreros se contaban los secretos de sus artes y se enseñaban mutuamente cómo transformar el aire en perlas multocolores o cómo sacar sombras de cristal verde de un viejo organillo fabricado en el el reino de Suecia y traído pieza por pieza al reino de Dinamarca en los años del primer rey vikingo Gorm el Viejo.

Los vikingos y las vikingas a su vez, mostraban sonrientes cómo sus niños volaban por la casa y Fedora, la gitana chilena, enseñaba a enamorar a los marinos chilenos lachos que siempre están dispuestos a ser seducidos.

Pero volviendo a este día, Peter entró a su taller más entusismado que de costumbre ya que iba a terminar su querido milagro maestro llamado “La Rata Huevona”. Este milagro consistía en la fabulosa presentación multidimensional de un cuento para niños y viejos, estrictamente prohibido para adultos, que él mismo había concebido cuando estaba viendo una vieja película de dibujos animados en la televisión.

Por primera vez en su vida, Peter se dio cuenta de que en TV todo era plano y que la pantalla impedía todo contacto físico entre espectadores y actores. La unidimensionalidad de este medio de comunicación de masas era para él irritante y falso.

El cuento era muy simple. Una rata cree que la luna es de queso. Se la come dejando a los otros animales del bosque sin luz por las noches. Los animales le exigen a la rata que vomite la luna y la rata lo hace, devolviendo la luz nocturna al bosque.

Pero su tecnolgía es demasiado complicada como para explicarla aquí. En todo caso, Peter alteró su celular telefónico de tal manera que los personajes, la luna y otros elementos de sucuento como la noche, las estrellas y el bosque, fueron almacenados en él y enviados al aire de su taller, cobrando como ya se ha dicho, multi-dimensionalidad.

Escondido en su taller, Peter hizo click en un botón del celular y ¡oh, milagro!
¡RESULTÓ! Peter se pudo pasear por entre los personajes, tocar y oler los árboles del bosque, darle consejos a los inquietos animalitos y retar a la rata golosa quien le pidió disculpas a Peter.

Eufórico corrió hasta la Calle Larga de Valby y al Café Ciré para contarle la nueva a sus amigos Éstos, incrédulos, corrieron a la casa de Peter y vieron con sus propios ojos y tocaron con sus propias manos y olieron con sus propias naríces el espectacular invento.

El milagro de los milagros.

Para hacer su representación de la Rata Huevona aún más hermosa, Peter creó a una de las sirenas de Ulises cantando junto al coro de los Niñitos Lisiados de Constantinopla:

Para ser felíz y entender
Tienes que reir y encender
Una lucecita cálida
Una lucecita cálida
En tu corazón encontrarás
Toda la razón y la verdad
De una lucecita cálida
De una lucecita si.

Pero tanto fue el éxito del Cine Multidimensional, que en la casa de Peter ya no había paz ni tranquilidad. Llegaron los paparazzis de todo el mundo a sacar
fotos y hacer entrevistas. La reina de Dinamarca, Margerete II, instaló su corte en el lugar y millones de multidimensionalistas de otros países acosaban y empujaban y peleaban por entrar al otrora plácido taller.

Peter, hastiado ya de tanta osadía y sinvergüenzura, regaló todos los derechos de su invento a la Asociación de Pobres del Mundo SA, consiguió que El Real Parlamento danés decretara una ley prohibiendo la entrada a personas ajenas a su propiedad y se encerró en su nuevamente bucólica morada a ver TV a la antigua en su sofá.

La casa de Peter recobró su tranquildad y sus colores. Sus árboles crecieron aún más hermosos y cristalino pasaba murmurando cosas bellas, como suelen hacerlo los ríos.



Tomado de En Cuentos-España


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