Uno de los milagros más asombrosos que me han visitado en mi vida fue la aparición de Rimpel y Nudel en mi ropero cuando era joven en Santiago de Chile. El año era 1970. El siglo pasado. Yo estaba en mi cuarto tocando mi guitarra, tratando inútilmente de cantar una canción y me dio frío porque tenía la ventana abierta. Era invierno, mes de junio y llovía a cántaros.
Abrí mi ropero para sacar un sweater y cual no sería mi sorpresa: adentro del ropero habia un camino de ropa que se perdía en la distancia y dos seres que iban caminando hacia el horizonte.
Atónito y asustado cerré la puerta del ropero y sali a caminar afuera bajo la lluvia. Se me ocurrio una canción: Necesito caminar
entro a la fría Catedral
busco un rinconcito pa' echar mis huesos
sentarme a descansar...
Ya mas calmado pero aún sorprendido, tanto por la experiencia del ropero y la linda cancion que esa visión me habia inspirado, volví a mi cuarto. Toqué la canción con mi guitarra -recuerdo que la nota SOL era la mas apropiada y abrí el ropero nuevamente.
¡El camino de pantalones, camisetas, ponchos, calcetines, calzoncillos, chaquetas y qué sé yo, aún estaba ahí! Pero esta vez los dos seres saltaron desde el ropero y se sentaron a mi lado en mi cama. Eran pequeños humanoides, no enanoides sino humanoides. El uno me dijo con una maravillosa voz de tenor -yo me llamo Rimpel. ¡Mucho gusto!
Y el otro agregó con una muy suave voz de soprano -y yo me llamo Nudel. Mucho gusto también, Ian-.
Me estrecharon la mano y yo murmuré un -"mucho gusto" también... pero cómo... por qué..?-
Rimpel vestia una chaqueta azul larga hasta sus rodillas. Pantalones rojos pata de elefante, botas negras caracoleadas en la punta y un gigantezco sombrero negro. Y Nudel una camiseta blanca con un dibujo móvil que cambiaba de tema a cada segundo: un galeón pirata, una sirena, una culebra, el rostro de una mujer maravillosa... Sus pantalones eran cortos hasta las rodillas y usaba suecos blancos. Ambos tenian barbas y bigotes cafés y cabellos negros hasta los hombros.
Eran flaquisimos, huesoides, y me llegaban hasta la cintura.
Rimpel me dijo con su acento de la region chilena de Magallanes -Tú te las dai e músico. Escucha...-
Y tomó mi guitarra y me cantó con su maravillosa voz de tenor >
Necesito caminar
ando por el Parque Forestal
doblo
la Alameda se ha puesto un traje
de tarde eléctrica...
Y Nudel me dio la parte B de la canción con un sopranísimo andante en mi menor:
Lejos cerca quizás donde
Se encuentra ese mar
Se encuentra el agüita que me ha de regar...
Se pusieron de pie, me hicieron una reverencia y desaparecieron por el camino de ropa. Jamas los volví a ver. El ropero volvió a ser un ropero clasic.
Hoy aqui en Copenhague, septiembre 2008, son ya las tres de la madrugada. Hace una hora atrás sentí golpes en mi ventanal que da directamente a la calle. La abrí y entró un ser que yo habia visto en alguna parte. Era alto y flaco, cabellos blancos larguísimos hasta las rodillas, barba y bigotes idem, un sombrero de cowboy rosado, terno y corbata negros, y descalzo.
Me dijo con una voz impresionante de bajo -Hola Ian, ¡tanto tiempo! ¿ No te acuerdas de mi? Me llamo Rimpelnudel. Venia a ver si terminaste la canción...-.
Ian Welden
Valby, Copenhague.
ian.welden@mail.dk

